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Reflexiones junto a los 'papás'
Jorge
Díaz Vélez
Muchos
chicos se acercan a los clubes, generalmente traídos por sus papás, para
comenzar con la práctica del baloncesto. Los entrenadores vemos esas caras
ansiosas, que se sonríen en cuanto ponemos esa pelota naranja en sus manos: la
miran, la pican y avanzan dentro del campo a tratar de tirarla al canasto. En
ese momento pienso: ¿Qué pasará por dentro de esa cabecita? ¿Cuáles serán sus
expectativas? ¿Le parecerá divertido este juego?
Levanto
la vista y veo al papá, con una sonrisa de oreja a oreja y digo... ¿estará
pensando lo mismo que yo? O solo verá un pedazo de si mismo que va a lanzar el
balón al cesto.
No,
no.... otro más que piensa :..... ¡qué bien la picó....! ¡La tiró bien.....!
Han
escuchado a los médicos sobre la cada vez mayor incidencia que tiene el estrés
en los niños, hoy en día los niños sufren tanto estrés como los adultos.
Prácticamente en todas la áreas en la que se desenvuelven se les exige algo: en
la escuela tiene exigencias por cumplir con un rendimiento determinado; en las
tareas extraprogramáticas, inglés, computación, etc., también. Ahora bien,
jugar, jugar al baloncesto, al fútbol, a la mancha, a lo que sea... ¿para
cuándo?
Muchos
adultos nos estamos olvidando que a los niños les gusta jugar por jugar, que
cada vez juegan menos, que cada día que pasa los tratamos un poco más como
adultos en miniatura, los padres, los maestros, los entrenadores...
¿Cómo podemos
participar positivamente en su crecimiento?
Fundamentalmente en la toma de decisiones, tenemos que decidir qué es lo que
queremos para nuestros hijos, ya sea en el deporte, en el colegio, en su
educación
Acompañarlos, a los chicos les encanta que los "papis" los acompañen. No estoy
hablando de decirles lo que tienen que hacer durante el juego, simplemente
hacerles ver que nos interesa lo que están haciendo, que estén jugando (por
ejemplo mini básquet) y saber que están los "papis" en la cancha influye
enormemente en el desarrollo de su personalidad, se sienten seguros.
Pero los
adultos muchas veces queremos que el juego se desarrolle como a nosotros nos
gustaría, inconscientemente nos sale el "entrenador" que todos tenemos dentro,
que los chicos jueguen según nuestras preferencias, que se la pasen a fulanito,
que jueguen para "menganito".
¿Que
jueguen o que compitan como nosotros queremos? ¿Y lo que ellos quieren?
¿Realmente nos importa? ¿O nuestra omnipotencia de adultos sabelotodos no nos
permite respetar los intereses de los niños, ni siquiera de nuestro propio
hijo?.
Cuando
vemos un juego ¿qué es lo que vemos? ¿Un grupo de niños desarrollándose y
divirtiéndose o unos adultos en miniatura en una batalla por llevarse un triunfo
no importando lo que cueste, que lo único que hará seguramente es satisfacer más
el ego de los adultos que de los niños?
Las
preguntas que siempre me hago son las siguientes:
-
¿Estamos educando (educación =
adquisición de valores) a nuestros hijos mediante la práctica deportiva, o
solamente les estamos dando el mensaje que lo único que vale es el triunfo?.
-
El entrenador de nuestro hijo
vale... ¿por los valores que transmite o por los partidos que gana?.
-
Nosotros que alguna vez hemos
criticado al entrenador o a algún compañero sobre su accionar ¿cómo actuamos?
¿Nos desequilibramos? ¿Mantenemos la cordura en los momentos difíciles?
-
Nuestra presencia en la cancha qué
propósito tiene... ¿alentarlo a triunfar contra los "otros"? ¿Convertirnos en
jueces de todo lo que sucede? ¿O acompañar a nuestro hijo haciéndole ver que
nos interesa lo que hace?
-
¿Cómo es nuestro comportamiento?
¿Actuamos del mismo modo que nos gustaría que actúen nuestros hijos?
Los niños tienen más
necesidad de modelos que de críticos
La mejor
herencia que un padre puede dejar a su hijo o un educador a su discípulo es la
firmeza a aspirar a los triunfos y la capacidad de asimilar las derrotas.
Desde
mismo momento que aceptamos jugar contemplamos la posibilidad de sufrir una
derrota, ya sea en forma individual o grupal, ¿cómo actuamos ante ella, con
dignidad o vergonzosamente?
Cada uno es libre de escoger la
forma de actuar lo que importa no son las circunstancias sino nuestra actitud
frente a las circunstancias.
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