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EL
MINIBASQUET EN LA ARGENTINA
(Por Oscar Delfor Ibañez)
PREHISTORIA
Como casi toda historia, la mía
tiene una prehistoria. Es esta. A principios de los 50s, me convertí de la
noche a la mañana, o para mejor decir, de un domingo al otro, en el
basquetbolista favorito del entonces Presidente de la Nación, Juan Domingo
Perón. Por aquel entonces, los Harlem Globetrotters visitaban la Argentina y
actuaban en el Luna Park que era el único estadio con capacidad para hacer
frente, por la capacidad, a la erogación que significaba su contratación. Era
muy común también que, quienes vivíamos en la Capital Federal, practicábamos
básquet y teníamos la suerte de poder verlos, al día siguiente (y durante unos
cuantos días mas), nos convertíamos en malabaristas circunstanciales. Fue así
como un domingo, en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) que quedaba en
Republiquetas 1050 de Núñez (donde ahora esta el CENARD), nos juntamos un grupo
de amigos y como estábamos prácticamente solos en el gimnasio cubierto, nos
pusimos a imitar a los “Globe” haciendo un sinnúmero de payasadas mientras
jugábamos. Tan concentrados estábamos en ese divertimento que no advertimos la
entrada de Perón a las instalaciones, hasta que después de pasar por el sector
dedicado a la esgrima, llegó a uno de los laterales de la cancha. Quedamos
todos tan impresionados por su presencia, que cortamos la exhibición de
destrezas, para jugar “normalmente”. Pero a poco de ponernos serios, el primer
mandatario nos llamó y pidió que siguiéramos jugando como lo estábamos haciendo
antes de que el llegara a sentarse en el pequeño palco presidencial preparado
para la comitiva en forma permanente. Con beneplácito y la “obediencia debida”,
continuamos con la diversión deportiva por una larga media hora mas, hasta que
nos anunció que se iba de regreso a la quinta presidencial de Olivos,
saludándonos a uno por uno. Exactamente una semana después, volvió a
aparecerse en el gimnasio donde disfrutábamos el deporte dominguero y justamente
yo estaba en posesión del balón cuando hizo su entrada. Volvimos a quedar
“petrificados” y por una cuestión de respeto, además de poder saludarlo, paré el
juego señalando la llegada del primer mandatario. Fue cuando me dijo-“Seguí
jugando Ibañez, que yo me siento a verlos desde el palco”. No lo podía creer.
Cuando escuche de su boca mi apellido, sentí como si las medias se me metían
dentro de las zapatillas y los pelitos de las piernas me hacían cosquillas en
las rodillas. Me sentí tan impactado que debo haber jugado mejor que nunca, ya
que cuando estaba por irse, se acercó para charlar conmigo. Me dijo si me
animaba a formar un “equipo de locos” que imitara a los Globetrotters en una
fiesta para estudiantes. Le dije que si, que nos pusiera un Entrenador y nos
diera un lugar para ensayar, que todo era cuestión de intentarlo. Así nacieron
los “Uestrotters”. Entrenamos casi 60 días entre 6 y 8 horas diarias, las
distintas rutinas del “círculo mágico” con que hacen su presentación, en un
salón con espejos y sin tableros ni canastos, en la UES masculina. Perón nos
facilitó el microcine de la quinta de Olivos, donde vimos cientos de veces el
primer rollo de la película “Campeones de Ébano” que cuenta la historia de los
“Globe” y en el cual hacen el famoso círculo. Fue un domingo por la mañana que
compartimos con los auténticos Globetrotters la cancha abierta de la Quinta (por
entonces sede de la UES femenina) y allí los negros nos enseñaron algunos
trucos, nos regalaron el vinilo de The Brothers Bones con el tema “Sweet Georgia
Brown”, que es el “himno” de los trotamundos de Harlem hasta el presente.
Pintados de negros por uno de los mejores maquilladores del cine argentino
(Cesar de Combi o algo así, se llamaba), con pelucas simulando motas y una
vestimenta de raso con colores celeste, blanco y rojo combinados y con la musica
de "Dulce Georgia Brown" grabada por el clarinetista argentino Marito Cosentino,
actuamos ante un Luna Park repleto (habían quedado mas de tres mil personas sin
poder entrar) haciendo primero el circulo mágico con luz negra y repitiéndolo
dos veces mas con toda la iluminación a pleno, a pedido de la multitud de
estudiantes secundarios que festejaba ese 21 de Setiembre de 1954.
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Cuando Perón fue derrocado en
el 55, recibí ofertas de muchos clubes para seguir mi carrera y me decidí -a
pesar de tener chances de fichar en primera- por una Institución que militaba en
tercera de ascenso de la Asociación Porteña de Básquetbol: Deportivo San
Andrés. Tanto tiempo imitando a los Globe hizo que fuera muy dura la primera
parte de mi carrera. Los adversarios ponían mas postura defensiva de boxeo que
de básquet para marcarme, porque mi manera de jugar les hacia pensar que los
estaba “cargando”. Sin embargo en dos años estábamos en Primera División y
comencé a ser respetado cuando todos advirtieron que “esa era mi manera de
sentir el básquetbol”. Claro que a mis habilidades agregaba una buena cantidad
de puntos por partido que me convertían en el goleador del equipo.
Ya los medios me daban como “el
globetrotter blanco”, Mandrake (antes que el apodo fuera a parar al inigualable
Alberto Cabrera), el malabarista, el mago y un montón de otros calificativos.
Eso hizo que mi juego fuera disfrutado -muy especialmente- por una gran cantidad
de chicos que gozaban con mis “locuras” y se reían de mis “bermudas”
El
paso previo
En 1960, por una cuestión de
diferencias económicas, dejé Deportivo San Andrés y me fui a Gimnasia y Esgrima
de Villa del Parque a hacer dupla con Ricardo Alix, a quien considero el mejor
jugador argentino de todos los tiempos. Hicimos un dúo que sacó chispas aquí y
en varios países de Sudamérica durante esa temporada. Pero mi corazón seguía
estando en San Andrés. Al año siguiente regresé y puse como condición dirigir
una categoría formativa para tener una mayor retribución. En realidad los
dirigentes aceptaron porque me querían como jugador; ninguno de ellos pensaba
que duraría mucho en esa función y mucho menos que lograría algo. Me inicié con
la que hoy es la categoría Cadetes y por aquel entonces se denominaba “Menores”;
15 y 16 años. Me picó tanto el bichito que hice reclutamiento personal en las
calles de San Andrés, Malaver y Villa Ballester del Gran Buenos Aires. Ese año
fuimos subcampeones de la APB, habiendo perdido un solo juego y por un punto
(con Comunicaciones, que fue el campeón). La reglamentación “amateurista” de
esos años impedía que un jugador en actividad dirigiera otro club que no sea en
el que jugaba, porque si lo hacia lo declaraban “profesional” y no podía jugar
mas en el país. Por suerte, con aquella campaña de los Cadetes y el “arrastre”
que tenía como jugador recibí el respaldo para hacerme cargo de todas las
formativas del “Depor”. Época en que los menores de 12, no entraban en los
planes de los directivos del básquetbol argentino. Los chicos me abrumaban
pidiéndome que también los entrenara a ellos. Recuerdo que en una oportunidad,
vinieron en “patota” y me exigieron que les de bolilla. Eran tantos que, para
sacármelos de encima les prometí que “el sábado a la 4 de la tarde” los
entrenaría. Mi salida con una noviecita ocasional hizo que ese día ni siquiera
pusiera los pies en el Club para juntarme con amigos: olvidé por completo el
“compromiso”. Cosa que no perdonaron mis diminutos “fans” al Lunes siguiente
cuando llegué a los entrenamientos de la tarde. El grupo me trató de “falluto”,
chanta, mentiroso y otras cosas por el estilo. Los noté tan contrariados que
les mentí una enfermedad de “mi vieja” que vivía conmigo en el barrio porteño de
San Telmo. Hubo casi un juramento para el sábado posterior y el “no te vayas a
olvidar” repetido hasta el cansancio los cinco días previos a la cita. Si me
hubiera olvidado, la historia del Mini en la Argentina hubiera tenido otro
camino…
Se
sube el telón
Hice mi aparición en el
Deportivo San Andrés manejando la Siambretta que me había regalado Perón cuando
ganamos el Argentino de estudiantes secundarios en el 55, a las 4 de la tarde.
El “Depor” todavía tenía cancha abierta y los pibes estaban todos protegiéndose
del sol, sentados en el piso y apoyando sus espaldas en el paredoncito que daba
a la confitería. Griterío, carrera y cimbronazos de mi humanidad ante el
efusivo recibimiento del que fui objeto por los casi 20 pibes que me
aguardaban. Había solo un par de pelotas chicas con la que jugaban los
Infantiles, marca Pintier de cuero, con unos gramos mas de la que usaban
oficialmente los futbolistas profesionales. Ese era el material de entrenamiento
y con el hicimos el primer ensayo. Fue impactante ver como obedecían cada
indicación que les daba. Con ellos aprendí a ser Entrenador; fueron esos pibes
los que me enseñaron mas que los libros, las películas y los videos. El
“feeling” de ida y vuelta era tan intenso que nunca mas les falle, ni en los
entrenamientos, ni en sus conflictos personales. Ya a las dos semanas querían
jugar partidos y los entendía; ni mil entrenamientos reemplazan a un partido.
Pero como esa categoría, a la que le inventamos el nombre de “Pulguitas”, no
existía, debimos comenzar a “investigar” quien tenía equipo de niños menores de
12. El “Scouting” nos llevo a saber por boca del Delegado del Club de Villa
Pueyrredon, que ellos tenían un grupito de pibes de esa edad y debutaron como
visitantes contra el equipo en el que jugaba Miguel Mateos (hoy roquero famoso)
y su hermanito Alejandro,.baterista de Zas. Los “nuestros” usaron una musculosa
blanca con un escudito del “Depor”, ya que ni siquiera teñíamos camisetas. Esos
“pulguitas” jugaron posteriormente en Morón, Ituzaingó, Caseros y otros clubes
del Gran Buenos Aires e hicieron “fama” porque ganaban y deleitaban con su
estilo rápido, vistoso y eficaz. La euforia contagió a padres y directivos y a
principios del 63 ya se guardaban en la utilería los mas de 6 equipos completos
de camisetas y pantaloncitos que se recibieron de diferentes donaciones. En un
cuadrangular en el cual intervenía San Lorenzo (de la Asociación Buenos Aires,
que nucleaba a la mayoría de los clubes de fútbol) perdieron el invicto frente a
los azulgrana.
Jamás había visto llorar a
tantos con semejante sufrimiento por una derrota, como aquella noche en el
vestuario de San Andrés. Yo (que también desparramé un par de lágrimas y las
escondí antes de entrar al vestuario) les explique por primera vez como debían
afrontar el sinsabor de la derrota, que es parte de la labor docente que deben
profesar quienes conducen el mini o cualquier actividad de chicos. Rápidamente
llegó la revancha en la final de ese mismo cuadrangular. En aquel partido hubo
un solo “santo” y no precisamente fue “Lorenzo”. El resultado a favor de San
Andrés fue tan abultado, que nadie hubiera podido imaginar que ese mismo equipo
lo había derrotado 48 horas antes. En los corrillos del ambiente basquetbolero
se hablaba de los “Pulguitas de San Andrés” y llegó a trascender tanto, que se
instaló en la cúpula de la Asociación Porteña de Básquetbol, cuyo Secretario,
Manuel Solaguren, tenía un hijo integrando el equipo…
Comienza la historia “oficial”del Mini
Una noche de no me acuerdo que
mes del segundo semestre del 63, recibí una invitación por parte del Presidente
de la APB, Juan Esteban Della Valle, para una reunión. En ella, se me pidió que
redactara un reglamento para chicos de hasta doce años, para oficializar la
competencia. Junto con el dirigente Pedrero (no recuerdo su nombre) y Della
Valle (el mejor dirigente deportivo que conocí en mi vida) basándonos en las
reglas que inventó Jay Archer en 1950 (lo bautizó “Biddy (Pollito) Basket”
copiando el seudónimo de su pequeña hija), en las que había distribuido la Pepsi
Cola en Perú y otras latitudes, confeccionamos el Primer Reglamento Oficial y
“bautizamos” a la categoría con el nombre de “Niños”. Como punto importante,
recuerdo que en las reglas originales limitaban la estatura de los participantes
a 1.70 metros, cosa que hice modificar, basándome en la dificultad que tenemos
en nuestro país para conseguir jugadores grandes. Me pareció que cerrarle la
puerta a los “lunguitos” era como “hacer un pacto a favor del enemigo”.
¡Salvemos a nuestros altos! La primera competencia que se llevó a cabo en
el país fue organizada en 1964 por la APB e intervinieron cerca de 30 clubes,
siendo ganada por Deportivo San Andrés. Al respecto transcribo textualmente unos
párrafos del libro “Minibásquetbol y su Proyección al Básquetbol” (1994) del
Entrenador Jorge Gutiérrez que con el subtitulo de El Minibásquetbol en la
Argentina, en su página 22 dice: “El objeto primordial de esta gestión es
lograr hombres de bien, por medio de deportistas aptos. (-) Con estos conceptos,
la APB presentaba su Reglamento y Normas Generales para la disputa de los
partidos de Biddy Básquetbol; que tuvieron a Oscar Ibañez a uno de los
integrantes de la Comisión de Reglamento junto a Esteban Della Valle y Pedrero.
Se hicieron lectura de otros reglamentos como la Peruana y Española y con
modificaciones que se asemejaban en características y necesidades, se puso en
vigencia el Reglamento de Juego. Oscar Ibañez dirigía a los chicos del
Deportivo San Andrés, con los cuales obtuvo los torneos de los años 1964/65/66 y
67, sin perder un solo partido en las cuatro temporadas”. (Nota: Los
integrantes de ese plantel –Norberto Tanghe, Eduardo Cadillac, Daniel Pace,
Claudio Villanueva, Jorge Godnic y Jorge Kojdamanian- entre otros, ganaron los
torneos oficiales de las categorías Infantiles, Cadetes y Juveniles, perdiendo
solo 4 partidos en 8 años y siendo la base del seleccionado de Capital Federal
–Campeón Argentino 1970 en Neuquén- y del equipo nacional que obtuvo el
Campeonato Sudamericano de Juveniles en Santiago de Chile, en 1972)
La cantidad de participantes se
acrecentó en forma geométrica y la explosión se desparramó vertiginosamente por
toda la República. A principios de los 70s los españoles creando un Comité
Internacional también internacionalizaron el nombre de “Minibásquetbol” y en el
71 se hizo en Catamarca un campeonato nacional, al que me negué a concurrir
habiendo sido nombrado Director Técnico de la selección de Capital Federal,
argumentando que no debía sobredimensionarse la competencia en esa etapa del
minideporte. La historia me dio la razón ya que por la desmesurada apetencia
por el triunfo hubo equipos que en forma fraudulenta incluyeron a niños con
edades superiores a las fijadas por las reglamentaciones. Un bochorno. En Julio
1973 se hizo el primer “Jamboree” (palabra utilizada por los “boy-scouts” para
identificar a reuniones campamentiles con chicos de distintas provincias y/o
países que confraternizan y comparten actividades en conjunto) en el cual
participaron chicos argentinos y de paises limítrofes y con posterioridad –en la
segunda mitad de los 70s- se adoptó el sistema de Encuentros, que es mas
adecuado para frenar la desmedida competitividad de algunos Entrenadores,
Instructores y/o Monitores exitistas en demasía.
Creo que en la actualidad esta
sobredimensionado el tema del Minibásquet y son mayoría los “profesores” que
aceleran etapas de la enseñanza de los fundamentos para introducirlos en la
táctica y la estrategia, obstaculizando la libertad que necesita el niño para
expresarse humana y deportivamente. Es hora que en este milenio, la
controversia sobre si debe haber competencia o no. sea sepultada por
Entrenadores y Dirigentes que antepongan a su hambre figurativa, la sana premisa
de enseñar equilibradamente las formas de actuar ante las dos únicas
posibilidades que da este juego; el triunfo y la derrota. Como en la vida.
Oscar Delfor Ibañez
AGRADEZCO ESPECIALMENTE A
OSCAR IBAÑEZ POR LA NOTA REALIZADA
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