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Mundial de 1990

Yugoslavia Campeón

 

 En 1990, el Mundial viajó nuevamente a Sudamérica. Y, como en la primera edición, el epicentro del torneo estuvo  en el mítico Luna Park de Argentina. Pero la historia cambió para los locales. Eran otros nombres, otros rivales, otra exigencia.

 Sin dudas, el Mundial Argentina 90’ no brilló por su nivel organizativo. Existieron muchas fallas. Demasiadas para una competencia de tal magnitud. Problemas en el traslado de las delegaciones, mala atención a la prensa y estadios inadecuados fueron sólo algunos de los reclamos de las delegaciones visitantes.

 El campeonato se desarrolló en seis sedes: Santa Fe, Rosario, Villa Ballester y Córdoba, albergaron la rueda previa; en Salta, se disputó la reclasificación, y en el Luna Park, la rueda campeonato. Sorprendió la ausencia de Bahía Blanca que pese a ser la ‘capital del básquet argentino’, no recibió a ninguna zona. Un auténtico despropósito.

   Antes de iniciar su participación mundialista, Argentina realizó una gira previa por Italia y Grecia buscando el funcionamiento ideal de cara a la competencia mundial. La actuación en Bornio, Italia, distó de ser la mejor. En cambio, en Grecia, se evidenció una notable mejoría. Se obtuvo el campeonato, en un certamen reconocido  por la FIBA, desplegando un juego contundente. Hubo actuaciones descollantes, como en la final ante Grecia. Sin embargo, en el Mundial, todo cambiaría.

 Argentina integró el grupo D junto con la Unión Soviética, Canadá y Egipto. El plantel dirigido por el bahiense Carlos Bosimené estaba formado por Marcelo Milanesio, Héctor Campana,  Esteban De la Fuente, Sebastián Uranga, Diego Maggi, Diego Ossela, Carlos Romano, Miguel Cortijo, Julio Rodríguez, Ariel Scolari, Gabriel Milovich y Marcelo Richotti. El sorteo había determinado que en el debut se debían enfrentar a los poderosos soviéticos, uno de los candidatos a llevarse el torneo, a pesar de las ausencias de los jugadores lituanos (Sabonis, Kurtinaitis, Marchulonis y Homicius). Sin embargo, Argentina cayó con claridad por 97 a 77. Previsible, pero cometiendo demasiados errores. Con una baja efectividad de cancha. Con cuatro minutos sin poder convertir. Sin presencia debajo de las tablas en donde Beslostenny y Volkov superaron constantemente a Maggi, Uranga, o Scolari. Con Campana que arrastraba una lesión. Lo más destacado del conjunto argentino fue en la zona ofensiva, al lograr 23 puntos Marcelo Milanesio y 14 Julio Rodríguez.

   En la segunda jornada, Canadá aparecía como el rival a vencer. Una eventual derrota condenaría al equipo argentino a disputar la rueda consuelo. Y con 3’ 54’’ para el epílogo, la ciudad de Salta parecía que se convertiría en el destino final debido a la amplia diferencia de 85 a 72. Pero aparecieron los triples de Campana y Milanesio y la garra de Uranga. Se estableció un parcial de 24 a 3 que selló el 96 a 88 definitivo, desatando la fiesta en el estadio FECOR de Córdoba.

 En el cierre del grupo, ante los flojos egipcios no se logró mejorar el funcionamiento colectivo. Esteban De la Fuente se transformó en el motor del triunfo argentino. Su planilla finalizó con 20 puntos y 3 rebotes. De todos modos, el 82 a 65 no sirvió para encontrar la solidez buscada y mostró a varios por debajo  de sus posibilidades. La posterior victoria de la Unión Soviética sobre Canadá le permitió al elenco de Boismené estar, junto a los soviéticos, entre los ocho equipos que pelarían por la gloria. Los restantes seleccionados que accedieron a la fase campeonato fueron Yugoslavia y Puerto Rico por el grupo A, Brasil y Australia por el B y Estados Unidos más Grecia por el C. Entre los ‘condenados’ a Salta estaban Italia y España, dos de los mejores conjuntos europeos.

   El debut en el estadio de Corrientes y Bouchard se produjo ante el seleccionado estadounidense de Kenny Anderson, Alonzo Mourning y compañía, quienes ganaron el juego por 104  a 100. Pese a la derrota, hubo reconocimientos y aplausos del público para la entrega argentina porque jugó bien. Milanesio se mostró criterioso en la conducción y Campana explotó en la ofensiva, aportando 33 puntos.

 Al día siguiente, la fuerza interior de Puerto Rico derribó las ilusiones argentinas. Piculín Ortiz, Ramón Rivas y Jerome Mincy se adueñaron de la zona pintada. Demasiado para los pivots locales. Nueva derrota. En esta oportunidad, 92 a 76.

 Contra los australianos el seleccionado argentino tuvo otro pésimo arranque, repitiendo errores de juegos anteriores. Las torres australianas obligaron al conjunto de Boismené a efectuar lanzamientos forzados. El escolta Damian Keogh se convirtió en el verdugo de turno como antes habían asumido ese papel Kenny Anderson o Ramón Rivas. Su actuación, coronada con 31 puntos, determinó el 95 a 91 final.

   Así, con estos resultados Argentina pasó a luchar por el quinto puesto. Primero perdieron ante Grecia, 81 a 78, que contó con un inspiradísimo Panagiotis Giannakis (36 puntos). Finalmente, la despedida local se consumó ante Australia. En un Luna Park semivacío, los australianos superaron, 98 a 84, a un desmotivado equipo argentino.

   En síntesis, el octavo puesto resultó una justa posición. Nunca se encontró el rendimiento ideal, se sufrió en demasía la diferencia física y no se tiró con porcentajes aceptables. En lo individual, sobresalieron la jerarquía de Milanesio, el sacrificio de Uranga, la regularidad de Rodríguez y los triples que trajo Romano desde el banco. Aunque terminó como el goleador del seleccionado argentino, Héctor Campana no rindió lo esperado. La lesión en uno de sus tobillos le restó posibilidades.

   El elenco yugoslavo se adjudicó el undécimo Campeonato Mundial dando la sensación de no desplegar su verdadero potencial. En muchos casos, sus jugadores parecían jugar  a media máquina. Sin esforzarse se llevaron con comodidad su grupo, el A. Luego, en los cuartos de final no tuvieron inconvenientes para superar, sucesivamente, a Brasil, la Unión Soviética y Grecia. En semifinales, los jóvenes estadounidenses no inquietaron nunca a los balcánicos. En el cierre del torneo, superaron a los duros soviéticos por 92 a 75, brindando una lección de básquetbol tanto en el aspecto defensivo como en el ofensivo. Un privilegio para los 8.000 espectadores que presenciaron la final. El quinteto titular formado por Zdovc, Petrovic, Kukoc, Paspalj y Divac, tranquilamente podría competir con éxito en la NBA. Y suplentes como Savic, Komacec, Perasovic o Cutura serían titulares indiscutidos en cualquier otro equipo del mundo.

 

 
   
 
 

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