Mundial
de 1998
Yugoslavia Campeón
La
decimotercera edición de los mundiales estuvo marcada por la gran paridad entre
potencias que no se sacaron ventajas. Tampoco hubo figuras rutilantes o
decisivas por sí mismas.
La gran sorpresa fue la ausencia del
Dream Team. Ya no habría un campeón seguro y sí varios candidatos: Yugoslavia
(aunque también sufrió grandes ausencias como Danilovic, Divac, Stojakovic y
Tarlac), Rusia, Grecia, Lituania, Australia, el mismo Estados Unidos... Para
otros equipos este Mundial, significaba la despedida de una gran generación de
jugadores. En Argentina se marchaban Marcelo Milanesio, Diego Osella y Esteban
De La Fuente. En Brasil, se iba Pippoca, para dejarle la posta a jugadores más
jóvenes. España, que en el Mundial próximo de Indianápolis presentará a los
‘Juniors de Oro’.
Argentina, en su partido inicial
contra Australia, dio la sorpresa. Jugó el mejor partido de toda la preparación,
defendió como nunca se le había visto a un equipo nacional, y tuvo a todos sus
jugadores en un altísimo nivel. Entre el resto, Lituania daba la otra sorpresa
del campeonato venciendo a Estados Unidos y España aprovechaba el golpe anímico
de los australianos para vencerlos también. El torneo iba tomando color...
Lo que sí
quedaba claro era que todos los candidatos, basaron sus sistemas en la defensa.
Fue el eje fundamental.
La primera
fase cerró y quedaron estas posiciones:
GRUPO A:
Grecia (3-0)
Italia (2-1)
Canadá (1-2)
Senegal (0-3)
GRUPO B:
Yugoslavia
(3-0)
Rusia (2-1)
Puerto Rico
(1-2)
Japón (0-3)
GRUPO C:
Lituania (3-0)
Estados Unidos
(2-1)
Brasil (1-2)
Corea (0-3)
GRUPO D:
España (3-0)
Argentina (2-1)
Australia (1-2)
Nigeria (0-3)
La segunda
fase dejó clasificados a cuartos de final a los ocho equipos que conformarían el
Grupo E (Yugoslavia, Grecia, Italia y Rusia) y el Grupo F (Argentina, España,
Estados Unidos y Lituania).
Argentina
(con el objetivo cumplido de estar entre los 8 mejores) cayó frente a
Yugoslavia, aunque los yugoslavos sufrieron en su camino hacia el título para
vencer a Argentina, pero el triunfo fue para ellos, bien merecido, por
jugadores, por experiencia, por personalidad, pero, por sobre todo, por
mentalidad.
Luego,
nuevamente España. Por el quinto y el sexto puesto. Y no pudo ser. Esta vez
España dejó en claro que en la cancha era el mejor. Desconcentración y sin
espíritu, Argentina perdió la chance de una posición final histórica. Los
españoles, por el contrario, fueron la sorpresa agradable del torneo. Con un
equipo limitado y sin grandes talentos, los jugadores de Sainz conformaron un
auténtico equipo que sabía lo que quería y lo consiguió.
Argentina
terminó su participación en Atenas perdiendo ante Lituania por el séptimo puesto
y finalizando con un récord de tres victorias y seis derrotas.
Mientras
tanto, los grandes jugaban las semifinales y se pudieron saborear dos partidos
tremendos. Rusia venciendo a Estados Unidos con un parcial de 15-0 al final y
Yugoslavia dando vuelta la historia ante el local en los últimos 5 minutos,
después de estar 12 abajo, con un Bodiroga fantástico.
La final
llegó. Yugoslavia (con todo el estadio en contra) y Rusia se enfrentaban por el
título. Casi como la del 90’. Y el mismo campeón. Cuando todo hacía suponer un
alargue, un tapón de Rebraca a Mikhailov y un rebote del mismo Rebraca a la
salida de un tiro libre clavó el casi lapidario 64-60 a favor de los
yugoslavos. Fue justo. Porque realmente ganó el equipo que más ganas tuvo de
llevarse el torneo. Y el protagonista: REBRACA.
Yugoslavia se coronó, como lo hacen como los mejores. Con corazón, inteligencia
y personalidad. Fue un cierre apasionante. De tremendas defensas. Tanto que
rusos y yugoslavos estuvieron 5 minutos sin poder meter puntos. Y no por errores
ofensivos. Las defensas fueron excelentes. Y terminó como tenía que terminar,
como una final de un campeonato del mundo.
Argentina estuvo cerca de la
hazaña, cumplió el objetivo de estar entre los 8, pero no nos alcanzó. Se dejó
la sensación de que se podía lograr más. Y no se logró. Estamos cerca de los
grandes equipos. Pero, ellos juegan en los momentos que hay que jugar, en el que
se ganan partidos. La diferencia está es la cabeza en los momentos claves.
Cuesta separar el deporte de la realidad de cada país. Y los argentinos tenemos
tendencia a fallar en los momentos de definición. Tal vez, ahí esté la real
distancia.
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